No, los influjos lunares en los cultivos no son un mito o una añeja superstición rural, de igual modo que tampoco existen trabajos concluyentes emitidos por una entidad de peso dentro de la comunidad científica, que los refute. Esta falta de consenso entre lo empírico y lo teórico, deja la puerta abierta a infinidad de teorías y planteamientos pseudocientíficos de cuestionable origen y fundamento.

Con el fin de no perder el sentido del enunciado recurro al calendario lunar, una herramienta ampliamente utilizada en la viticultura desde tiempos remotos —mucho antes incluso de la aparición de Rudolf Steiner y su “chamánica” biodinámica— en la que se recogen las fechas propicias para la plantación, abonado, poda o vendimia, a modo de compendio de sabiduría popular. Lo que me permitirá comprender la base sobre la que se sustenta esta creencia.

Calendario Lunar

 

Contrario a lo que muchos dábamos por sentado, no se trata de una herramienta propia de la biodinámica —corriente filosófica de creciente difusión—, sino de un instrumento muy ligada a la agricultura en general, y a la viticultura en particular, desde tiempos remotos.

Todos los grandes tratados de agricultura clásica se concluían con un calendario de las tareas que corresponden a cada mes. La afición a los calendarios tiene viejos antecedentes en la Edad Antigua, con autores muy influyentes en la posteridad como el griego Hesíodo (siglo VIII a.C.), autor de Los trabajos y los días, o el romano Plinio el Viejo (siglo I d.C) y su Historia Natural, pero fue en la Edad Media cuando alcanzó un gran desarrollo, quizá bajo la influencia de la Iglesia y su calendario litúrgico, con sus tiempos de adviento, navidad, cuaresma, pascua, etc. La necesidad de medir y controlar de alguna manera el tiempo y sus acontecimientos, llevó a los sabios a establecer un calendario lunar y mensual, que había de servir de referencia a las acciones de la vida cotidiana, no sólo la agrícola, aunque fuera aquí donde mayor desarrollo alcanzó dada la estrecha, por no decir ineludible, relación entre el ciclo climático temporal y el ciclo vegetativo de las plantas. Ya lo antiguos descubrieron que, en muchas tareas del campo, como sembrar, plantar, podar, cavar la tierra, etc. era muy importante ajustarse a las fases de la luna, a las estaciones, a las lluvias, al calor y al frío.

Sirva como referencia de esto viejos tratados como el Libro XI de De re rustica de Columella, o la Agricultura General de Alonso de Herrera, quien dedica al calendario todo el Libro VI, subdividiendo cada mes en dos períodos acordes con las fases de la luna.

“Agora al principio deste mes, si la uva está verde, hase de quitar la hoja a las vides, para que se enjugue la humedad, y se tueste. Y si las viñas son en lugares húmedos que piren la uva, agora es bien algunos dias antes de la vendimia deshojar las vides por los lados para que se enjuguen. Menguante: devese aparejar en el principio desta menguante la vendimia, si antes no la han aparejado, mayormente para los lugares tardios, que para los tempranos antes se debe hacer.”

Fragmento de “Septiembre”, Libro VI de Agricultura General de Alonso de Herrera

Los principios fundamentales que rigen el este calendario se basan en las fases lunares, y su actividad lumínica: luna creciente y menguante.

En general, la fuerza vital o el vigor de las plantas aumenta con la luz lunar, por ello, durante la fase creciente las plantas poseen más resistencia frente a plagas y enfermedades, siendo más rica en savia. Por el contrario, para retrasar el desarrollo vegetativo, plantar o injertar, aprovecharemos la fase menguante. Siendo esta fase un momento óptimo para llevar a cabo la vendimia: “el vino resultante es mejor y de más turra”.

“Sin embargo no debe ocultarse al labrador que el célebre Toaldo y otros sabios escritores modernos están convenidos en que la luz de la luna, aunque trescientas mil veces mas débil que la del sol, produce notables alteraciones en la economía de la naturaleza, puesto que ya sea por su atracción, por su electricidad ó por su peso causa las mareas y las mutaciones que se experimentan en la más próxima región del aire. Y aunque no puede dudarse según tales principios que esta fuerza atractiva causa en la atmósfera y en los cuerpos organizados un continuo movimiento, que contribuye en gran parte á la pureza del ambiente y al fomento del mecanismo vejetal, puede no obstante asegurarse que si de aquellos principios generales se desciende á hacer aplicaciones pueriles, y á consultar con la rigurosa nimiedad de los antiguos los aspectos de la luna en los crecientes y menguantes, y mucho mas tales y tales días de la semana, y tales ó tales horas del dia, se vendrá á parar en el mas absurdo y estravagante desatino; porque (seamos francos) la luna podrá tener en sus diversas conjunciones todo el influjo que quieran ; pero pensar en que también influyan las diversas épocas del dia, no se alcanza cómo puede ser.”

Fragmento del Prólogo de Libro VI de Agricultura General de Alonso de Herrera

El fundamento científico. El efecto de la luz lunar y el biorritmo

 

Aceptados los influjos del astro sobre las plantas, podríamos dar por sentado que estos son debidos a la dinámica del movimiento de la savia en las plantas durante las diferentes fases lunares, fácilmente evidenciables ante los efectos de La Luna sobre los fluidos de La Tierra, que se manifiestan en las mareas y sus ciclos. Esta sencilla extrapolación, cuantificable para enormes masas de agua, no es justificable para los escasos mililitros de savia que contiene la planta, ni para los efectos que de ello se presuponen.

Una hipótesis intrigante es aquella que afirma que es la luz de la luna misma la responsable de esos cambios y estados que se le presuponen a las plantas que, con independencia a la posibilidad de realizar la acción fotosintética con esa insuficiente luz, queda demostrada por la inmunodeficiencia y la mala cicatrización de las heridas de las plantas privadas de luz de la luna, lo que nos animan a pensar en la luz de la luna como una parte importante de la “nutrición” general de una planta. Curiosamente, esta “nutrición” parece ser más una modulación de la actividad bioeléctrica que una fuente de energía procedente de una deficiente acción fotosintética.

El calendario biodinámico de Maria Thun

 

De novísima invención, el calendario biodinámico que rige las acciones de sus fieles, fue concebido por Maria Thun en 1950, anexionándole al tradicional calendario lunar, influjos de naturaleza cósmica y astral, bajo la premisa de que las plantas no solo son sensibles a la acción gravitatoria y lumínica de la luna, sino también a la posición de ese astro, así como al sol y los planetas en relación con las constelaciones, y que, por lo tanto, sería necesario aprovechar esto para optimizar la fecha de los diversos trabajos de viticultura y vinificación, reforzando de este modo la teoría esbozada por Rudolf Steiner.

Se trata pues de un complejo calendario que indica si un día es más favorable para la parte de la planta: raíz, hoja, flor o fruto. Variaciones que pueden explicarse por la posición de la luna frente a las constelaciones del zodíaco, de acuerdo con un ritmo de aproximadamente 27 días que separa dos pasajes de la luna frente al mismo grupo de estrellas. Estas constelaciones están relacionadas con los cuatro elementos (agua, tierra, fuego, aire) y con una de las partes de la planta para las cuales el período sería favorable. Quedando dividido de acuerdo con los signos del zodíaco, como en la astrología.

Dejando a un lado mi escepticismo ante los preceptos y fundamentos biodinámico, debo confesar mi creciente interés por estos influjos que, pese a carecer de pruebas y razones objetivas que me inviten a ello, me devuelven al origen, y al empírico saber popular, de quienes sentaron las bases vitícolas y sus labores. Alejándome a su vez de la predecible y preventiva industria vitivinícola actual.

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