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Nacida de un cruce entre Traminer (también conocido como Savagnin) y una uva austríaca de la villa de Sankt Georgen am Leithagebirge, Grüner Veltliner es la uva más famosa de Austria. Una preponderancia que ha adquirido gracias a su alta productividad, su excelente capacidad de adaptación, y su muy limitada necesidad de atención, que la ha llevado a monopolizar casi un tercio del viñedo, siendo además responsable de la producción de los mejores vinos blancos secos del país.

 

Una uva versátil

Pese a su hegemonía, su profusión comienza tras la segunda guerra mundial. De hecho, antes de la contienda, la tradición era la mezcla de varietales en los viñedos: Riesling, Weißburgunder, Goldburger, Zweigelt… Hasta que el profesor Lenz Moser, en la década de 1930, desarrolló e impuso un método de cultivo de la que resulto mejor adaptada la Grüner Veltliner.

En la actualidad, es considerada la uva reina de Austria, insignia de las denominaciones Kamptal, Kremstal y Wachau, aunque también la podemos localizar en otras regiones vinícolas europeas vecinas como Eslovaquia, Hungría, República Checa e Italia. También ha podido exportarse con éxito a países del Nuevo Mundo como Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. De gran complejidad, es capaz de producir vinos sumamente diferentes. Así, puede aportar ligereza y frescor o, por el contrario, ofrecer vinos potentes y estructurados con gran potencial de guarda. Una avalada capacidad de envejecimiento, que se deriva de su altísima acidez.

 

En la copa

En la copa, destaca su color amarillo pálido con reflejos verdosos, que evoluciona al oro con la crianza —no debe estrañarnos toparnos con Grüner Veltliner envejecidos en madera, ni de añadas pasadas— Por otro lado, su paleta aromática está dominada por los recuerdos de frutas blancas frescas como la pera o el melocotón y los cítricos. A menudo se eleva con un toque de pimienta blanca. En los topes de gama asoman las notas minerales y fragancias de frutas maduras y exóticas.

En boca se pueden encontrar vinos tanto frescos y fáciles para disfrutar en su juventud, como añadas opulentas que precisan de reposo para lograr el equilibrio entre redondez, tensión y firmeza. Estos vinos sorprendentes ofrecen una paleta completamente nueva a medida que evolucionan. Con los años, descubrimos notas de miel, especias y frutas confitadas.

 

Maridaje

Su marcada acidez lo convierte en el acompañante ideal para un gran número de platos. Evidentemente, formará un maridaje perfecto con mariscos o pescados, ya sea a la plancha o en salsas lácteas. No dudes en combinarlo con queso, especialmente un queso de cabra tipo Ibores.

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