Hubo un tiempo en el que pasear por los pasillos de la sección de vinos de una gran superficie asemejaba a un pase de revista frente a una marcial formación de botellas uniformadas, de acuerdos a unos estándares de estilo y presentación. Hoy, esa marcialidad se desdibuja ante nuestros por el colorido estridente y refrescante de un caleidoscopio de de etiquetas que nos asaltan desde los estantes.

La presencia de nombres sugerentes y etiquetas poco convencionales en los lineales de vinos es una tendencia al alza, en especial, para nuevas bodegas que buscan hacerse un hueco en un mercado saturado, acaparando el interés de su público con un packaging poco convencional.

El poder de la etiqueta

¿Condicionan  nuestra compra estas llamativas etiquetas?

No cabe duda que la etiqueta es la carta de presentación de un vino. Un elemento que por sí solo es capaz de transmitir emociones al cliente potencial. Una etiqueta divertida y peculiar puede llamar la atención de un consumidor más ocasional y joven, mientras que un diseño tipográfico y sobrio, impresiona a los consumidores más habituales y duchos.

Un estudio realizado por Annie Larson sugiere que los millennials se sienten más atraídos por vinos con etiquetas de colores brillantes y las fuentes sans serif, que las etiquetas tradicionales. Además, en el mismo, se recoge que para el 94% de los participantes les resulta más sencillo identificar un vino por su packaging, frente a un 68% que lo recuerda en atención a su nombre.

 

“Es posible generar una percepción «premium» de un vino sólo a través del diseño de su etiqueta. Esta percepción  positiva se traducirá indiscutiblemente en una experiencia de compra más satisfactoria para el cliente, de igual magnitud y opuesta impresión, a cuando adquiere un vino mal vestido o presentado“ .

M. Moure – Asesora creativa en Calicata

 

La calidad va reñida con el diseño

¿Estas botellas encierran un vino de calidad o somos víctimas de una estrategia de marketing obviamente efectiva? La duda asalta. Por ello, en Enonautas, en tándem con el equipo de la agencia creativa Calicata, hemos sometido a examen a 10 vinos y sus etiquetas…

el gran cerdo

Gran Cerdo

Un vino que saltó a la palestra en plena crisis del ‘ladrillo’ por tratarse de un homenaje “a los directores de banco que nos negaron préstamos aduciendo que el vino no era un bien embargable”. Un vino rubricado por el joven enólogo Gonzalo Gonzalo, desde su pequeña bodega The Wine Love en La Rioja.

Más allá de su etiqueta y su leyenda, hay poca trascendencia. Un vino sencillo, mundano y de trago ligero, que satisface tanto como vale.

gallinas y focas

Gallinas y Focas

Una genial ocurrencia al alcance únicamente de 4Kilos, quienes en colaboración con la asociación Amadip Esment, y desde el año 2009, reeditan cada añada con los mejores dibujos aportados por las personas de esta entidad.

Por la cabeza de Francesc Grimalt y Sergio Caballero (4Kilos) no pasa elaborar un vino menor para esta labor, que pese a su “gamberro” packaging, nos sorprende con una exuberante nariz (fruta negra y tostada), sin desprenderse de la frescura de los vinos que acostumbran a elaborar en esta propiedad.

macho man

MMM o Macho Man Monastrell…

Un vino de ese segmento, no se merecía una etiqueta tan horrenda –Con todo nuestro respeto a Eduardo del Fraile, autor de la misma– Pero es el caso de un vino cuyo etiquetado desdibuja su calidad.

El vino… fantástico. Un Monastrell bien balanceado, en el que la calidez queda compensada por un fantástica acidez; Tanino presente y maduro, propio del varietal y procedencia.

24 mozas

24 Mozas

El folclore toresano es llevado a la etiqueta de 24 Mozas, de Divina Proporción, a través de una imagen atractiva de un mantón de manila impreso de colores muy llamativos, y fina serigrafía.

Un vino introductorio a la singular “Tinta de Toro”, que nos ofrece todo y más, de cuanto esperamos de un vino de media crianza. Contrario a los preceptos de la bodega, su trago se hace más placentero en fechas tempranas, pues mantiene el “músculo” y la raza del varietal.

ostras pedrin

Ostras Pedrín!

Una etiqueta con un lettering de aire retro y colores llamativos, siguiendo una corriente muy en boga en los últimos años, con la que se homenajea a una generación que creció con las hazañas de comic de Roberto Alcázar y Pedrín.

Dentro de la amplísima gama de Vicente Gandía, nos topamos con este vino de frescura inusitada, elaborado con la autóctona Verdosilla valenciana. Está rico, aunque tal vez no alcance para justificar los 11€ de su precio de venta.

chateau paquita

Chateau Paquita

Eloi Cedó nos zarandea con este Château Paquita (Sistema Vinari), un vino en cuya presentación captamos los influjos de 4Kilos, lo que no es de extrañar pues es un proyecto en el que colabora activamente; Diseñado por EnSerio, su etiqueta recrea una tarjeta postal sobre la que puedes escribir…

Más allá de las excentricidades de Eloi, nos encontramos con un fantástico vino de estilo “garagista”, natural y muy salvaje, elaborado con las variedades locales mallorquinas Callet y Manto Negro, complementadas con algo de Monastrell.

Un vino fresco y de trago ligero, con una espectacular acidez “mediterránea”.

lamphore

L’Amphore

No lo busquen pues no hay. Se trata de una edición limitada de María Alfonso, en la que queda reflejada la esencia y filosofía del proyecto. Un vino que tras su convencional vinificación, pasa a tinajas de barro (ánforas) enterradas en la tierra, donde permanecerá 12 meses más.

Un vino que catamos con motivo de una selección de vinos para un club de vinos, el cual nos cautivó por su profundidad, madurez y “bouquet”. Sí, el bouquet, ese atributo al alcance únicamente de los vinos que han podido y sabido envejecer en botella…

cojon de gato

Cojón de Gato

Un vino de la factoría de “Vinos Divertidos”: Teta de Vaca, Ojo de Liebre o Barón de Filar, que ha sabido granjearse un hueco en los lineales por medio de un porfolio de vinos de nombres y diseños irreverentes.

Es lo que es, un vino divertido y punto.

paco y lola

Paco y Lola

Fue de los primeros en “reventar” el mono-cromatismo de los lineales. Una apuesta muy transgresora, por cuyos reconocibles lunares obtuvo la medalla de plata en el concurso Packaging Design 2008 celebrado en el marco del gran evento Los Ángeles International Wine & Spirits Competition.

Tras ello se esconde un albariño del Salnés muy correcto. Un vino muy bebible y gastronómico, que goza del reconocimiento del gran público.

el picaro

El Pícaro

Junto con “El Recio” y “El Viejo” conforman la trilogía de vinos toresanos de Bodega Matsu, quienes de la mano de los fotógrafos Salvador Fresneda y Bèla Adler, fundadores del estudio barcelonés AdlerFresneda, revolucionaron la escena con este icónico packaging.

El vino sigue el “storytelling” de su imagen, por lo que nos topamos con tres perfiles de vino, con una calidad incuestionable.

¡Suscríbete a nuestras expediciones y comienza a explorar el Universo enológico!

Dejar una Respuesta